Rivista DMA

Una atención siempre presente

Una atención siempre presente Vivir relaciones interpersonales serenas, en reciprocidad, a menudo se convierte en un reto. En las familias, en comunidad, en las agregaciones a veces se vislumbran, sobre este tema, tonos de pesimismo. Son propiamente ‘profetas de desventura’, que comprometen seriamente la comunicación, minan aquella necesidad de esperanza y de ser positivos a los que todos en general aspiramos. En una comunidad que entiende ser evangélica y está habitada por la gracia, no se puede pensar que esté disminuida, apagada la esperanza.

Condición para un estilo de relación que alimente vida y esperanza es la opción libre de una pobreza sobria, alternativa a las provocaciones de la “sociedad consumista donde demasiadas cosas se hacen indispensables”. ¿Hay una relación entre pobreza y relación interpersonal? En el texto de la entrevista de este número, se hace notar que “a la larga del espíritu de la posesión sobre las cosas inevitablemente se pasa a la auto posesión con la consiguiente pérdida de la alegría de pertenecer al Señor y de participar en su misterio”. “Cada forma de pobreza requiere un específico tipo de ayuda, pero en la raíz es necesario reconocer que no basta dar algo, es necesario ofrecerse a sí mismo con bondad, atención de amor, humilde servicio en todo lo que puede favorecer al otro”. Me parece que es ésta la premisa para vivir relaciones humanas abiertas, libres. Freud sostenía que, para conocer y encontrar a una persona, es necesario acercarse a ella con una “atención siempre presente”. Comentando esto, un Autor moderno advierte como hacerse pequeño es precisamente de quien “tiene una aspiración que no tiene otra finalidad que ‘la voluntad personal del otro’; toda la finalidad de estos esfuerzos es favorecer la autonomía del otro, y la única intención consiste en prescindir de sí mismos”.

En esta óptica, es posible ir más allá del “revestimiento duro e insignificante”, como el de una ostra, detrás de la cual pueden esconderse perlas de extraordinario valor. También detrás de la corteza más dura, donde es también deseable una mejora, el camino más eficaz es hacer que entre la calma y la claridad en su vida, hasta que la confusión, el mal, la ficción puedan desvanecerse por sí mismos. Y esto, en fuerza del clima de respeto, de atención siempre presente, de calor humano en el compromiso de un acompa­ñamiento que no sustituye al otro. Vivir la sobriedad personal que supera los protagonismos. Asumir una pobreza sobria. Es acoger el reto de la relación lograda.

gteruggi@cgfma.org

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