Rivista DMA

Proximidad

Proximidad

La reflexión propuesta este año por la Revista sobre palabras y gestos del Papa Francisco, en el presente número señala uno de sus rasgos característicos, que la gente de cada fe y cultura ha captado inmediatamente: la proximidad, la extraordinaria capacidad de hacerse sentir cercano a cada persona. Es incalculable el número de cuantos advierten en el Papa Francisco una presencia amiga y lo consideran casi como un familiar propio; desean acercarse a él, escucharle, encontrarlo aunque sólo por un momento rápido, como la cita dominical del Angelus. Es una experiencia profunda que conmueve particularmente a los sencillos, los pobres, la gente que viene de las “periferias”.

El Capítulo General, que se celebra en estos meses, invita a las participantes convocadas a Roma y a todo el Instituto a partir precisamente de esta dimensión de la experiencia humana, espacio de cercanía y de proximidad. En el Instrumento de trabajo (IT) que guía el proceso capitular, uno de los aspectos de fondo propuestos parte de una óptica: “De la periferia, la esperanza”. La periferia, no sólo lugar geográfico, sino sobre todo existencial, donde se viven las experiencias humanas profundas del dolor, de la injusticia, de la ignorancia e indiferencia religiosa, de toda forma de límite, también del pensamiento. Como en la experiencia de Don Bosco y de Madre Mazzarello, también nuestras comunidades, en formas diversas y complementarias, están insertadas en las periferias geográficas y existenciales; allí es posible escuchar el grito y el anhelo a la esperanza y a la alegría, estando entre la gente, en los patios y en las aulas con los alumnos, con los jóvenes en las ciudades o en los ‘supercaminos del mundo digital’, con las mujeres jóvenes, doquiera se construye la ciudadanía evangélica (cf. IT nºs. 8, 17). Son las periferias a ser ¡espacios privilegiados de evangelización!

El dossier del DMA, retomando esta misma acepción, hace notar que los marginados, los inútiles, aquellos que no producen pero requieren atención, cuidado, acogida, que son puestos a parte – jóvenes y ancianos, emigrantes y enfermos, minorías y precarios – pagan cada día y a alto precio el derecho a la propia dignidad: “Ellos son las columnas secretas del mundo y ¡de la historia!”.
¿Qué caminos sabemos recorrer para ponernos al lado de los últimos y vivir la proximidad en nuestras comunidades? ¿Qué actitudes para no “descartar” o ser indiferentes también en nuestros ambientes? ¿Qué camino para que nuestra vida y la de nuestras comunidades sea un Evangelio viviente?
Sobre estas provocaciones somos siempre retadas a interrogarnos y, sobre todo, a medir nuestra coherencia y nuestro testimonio en las opciones de cada día.

gteruggi@cgfma.org

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