La vida en Port-au Prince

La vida en Port-au Prince Port-au-Prince (Haití). La situación en Port-au-Prince y en las ciudades cercanas es todavía muy difícil. Ayer por la mañana hubo una nueva sacudida de magnitud 6,1 de la escala de Richter que no causó otras víctimas pero que infundió mucho miedo entre la gente. Son muchísimos los dispersados, sobre todo muchos los niños que se han quedado sin padres.

Nuestras Hermanas se están organizando para ayudar a un gran número de familias. Además de Petion Ville, donde han preparado un campo para 3.500 personas, también en Thorland se ha organizado otro con 7000 personas, como nos explica S. Annecie Audate directora de aquella comunidad. S. Annecie nos escribe: “Hemos dividido el campo en sectores para facilitar el orden. Hemos distribuido a las familias alrededor de 800 tiendas, hemos distribuido el agua y algunas ayudas dadas por nuestras Hermanas de la República Dominicana. Transcurro las jornadas de pie para vigilar sobre la seguridad. Cada mañana celebramos la Santa Misa con toda la gente presente, por la tarde rezamos juntos el Rosario y la oración de la noche o la adoración”.

Mientras tanto hay una porfía de solidaridad desde muchas partes. Algunas FMA de diversas Inspectorías han dado su disponibilidad a partir para llegar a Haití y ayudar, así como una decena de voluntarios laicos de nuestras casas de Santo Domingo están preparados para partir. Pero por problemas de seguridad aún no se les ha dado vía libre para ir a las zonas asoladas por el terremoto. Las FMA de Estados Unidos están recogiendo géneros de primera necesidad para poder hacer que lleguen al lugar lo más pronto posible. Ayudas y solidaridad estamos recibiendo también de Hermanas de otros Institutos religiosos en varias partes del mundo y de muchos laicos que se han quedado afectados por la enormidad de los daños provocados por el terremoto. Por parte de nuestras Hermanas de Haití, se está dando ayuda a Hermanas de otras Congregaciones que no tienen posibilidad de asistencia. En particular, respecto a una de ellas, nos estamos orientando a transportarla a una casa nuestra y hospital de Santo Domingo para recibir curas adecuadas, estando seriamente comprometido su estado de salud por las graves heridas recibidas en el curso del seísmo. La vida continúa en Port-au-Prince.

La vida debe continuar para todos aquellos niños que no obstante todo siguen sonriendo.

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