En defensa de los derechos humanos

En defensa de los derechos humanos

Relatamos a continuación el testimonio de Francesca Napoli que explica su experiencia en la Oficina de los Derechos humanos de Ginebra.

«Cuando se presentó la ocasión de trabajar en la oficina de los derechos humanos de IIMA, comprendí enseguida que era la ocasión que esperaba. Hacía ya algunos meses que me encontraba en Nueva York colaborando con al embajada italiana en las Naciones Unidas, y con frecuencia me sentía frustrada al ocuparme diariamente de cuestiones que tenían muy poco que ver con los derechos humanos. Leyendo el proyecto de stage que tendría que desarrollar en Ginebra me entusiasmé enseguida porque me apasionaba la posibilidad de contribuir activamente en la protección y a la promoción del derecho de los niños a la educación.

Sinceramente yo no conocía muchas cosas sobre la Hijas de María Auxiliadora y no sabía muy bien qué es lo que me esperaba de esta experiencia que presentaba tan diferente de las anteriores, pero algo dentro de mi me decía que fuera y de esta manera me encontré llamando a la puerta de las Salesianas. Enseguida me sorprendió el ambiente de familiaridad que se respiraba en la oficina y la cálida acogida que me dispensaron las colegas. Muy pronto pude apreciar el afecto y la genuina hospitalidad de las hermanas que, quien con una sonrisa, quien con una palabra amable, quien con un bombón, consiguieron hacerme sentir verdaderamente en casa. Con el tiempo he quedado fascinada por el compromiso incansable por la pasión contagiosa que sor Mariagrazia dedica a todos los nuevos proyectos que surgen y que, día tras día, están haciendo la misión de la oficina verdaderamente importante.

Son muchas las cosas que he aprendido en estos meses. He tenido la oportunidad de seguir las reuniones del Consejo de los Derechos Humanos y de escribir y los informes de todo cuanto había ocurrido. He participado en el curso de formación que la oficina ha organizado para las hermanas provenientes de África francófona y en los dos eventos paralelos que se han desarrollado en las Naciones Unidas centrados en el tema de la reinserción social y familiar de los niños en situación de riesgo. Junto con mi colega y amiga Valentina he escrito un informe sobre la situación de los niños en Honduras que hemos presentado con ocasión de la Revisión Periódica Universal del País, y que nos ha dado oportunidad de estudiar a fondo las problemáticas del país y de entrar en contacto con las hermanas del lugar para obtener la información necesaria.

Poco a poco he empezado a conocer las misiones de las FMA y a comprender la compleja y una muy eficiente estructura en la que está a la cabeza nuestra oficina. He tenido el placer de reunirme con hermanas misioneras africanas que con extrema sencillez han compartido con nosotras los pequeños milagros que diariamente realizan en sus países. He tenido la alegría des ser acogida con los brazos abiertos en una misión en el corazón del Líbano y de pasar algunos días con la comunidad, que nos hizo sentir, en todo momento, como si estuviéramos en casa. Las hermanas libanesas nos aportaron datos importantes sobre la situación de los niños para incluir en un informe que hemos presentado a la ONU y nos han dado a conocer la compleja realidad de sus países acompañándonos a un campo de prófugos palestinos.

Yo que durante muchos años no frecuentaba la Iglesia hoy me siento orgullosa de haber representado a las Hijas de María Auxiliadora, que cada día se implican para garantizar los derechos de los niños en 93 países del mundo.

Me siento feliz de haber colaborado con la oficina IIMA porque probablemente, sin este stage , no hubiera podido conocer y apreciar el valor del espíritu salesiano, que hace verdaderamente especiales a estas hermanas y sus misiones. Y también ahora que estoy afrontando una nueva aventura en la lejana Colombia encuentro aliento y felicidad al pensar que, por una extraña coincidencia, que tal vez no sea coincidencia, en la misma ciudad en que viviré los próximos meses surge una misión de FMA.

La experiencia de Ginebra ha sido en conjunto muy significativa. Desde el punto de vista profesional me ha dado forma de entrar en contacto con una realidad única en el mundo. De hecho, esta ciudad constituye el centro neurálgico del sistema de los derechos humanos y es aquí donde tienen la sede la mayor parte de las organizaciones no gubernamentales, y los mayores organismos humanitarios fano capo l'ONU.

Al mismo tiempo los meses transcurridos en la Saléienne me han enriquecido a nivel humanos porque he encontrado a personas excepcionales que han recorrido un trocito de camino a mi lado y ha sabido darme mucho».

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