Palabras de la Madre - Fiesta de Santa Maria Dominga Mazzarello

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Queridas hermanas,
hoy, 13 de mayo, el calendario litúrgico propone a la Iglesia la celebración del VI domingo de Pascua.
En Brasil, en el santuario de Nuestra Sra. Aparecida, Benedicto XVI inaugura la V Conferencia del CELAM. Nos unimos en la oración por este importante acontecimiento eclesial.
En muchos países también se celebra el día de las madres.
Sé que la celebración de la solemnidad - para nuestro Instituto - de Santa Maria Dominga Mazzarello ha sido anticipada en algunos lugares, mientras que en otros ha sido postergada al día 15.
Os llego hoy porque siento en el corazón la necesidad de hacerlo después de haber escuchado la Palabra de Dios: "Si uno me ama observará mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a Él y haremos morada en él" (Jn. 14, 23).
Este paso del Evangelio de Juan evoca a mi memoria la liturgia de despedida de la comunidad apostólica de Mavaca, en el alto Orinoco (Venezuela), el 30 de abril pasado.
He escuchado con profunda emoción proclamar a una hermana la segunda lectura propuesta por el Oficio de lecturas de la solemnidad de nuestra Cofundadora. Os invito a meditarla, a ayudarnos a vivirla. Inicia así: "Mis buenas hermanas, amaos. ¡Cuánto me consuela cuando recibo noticias de las casas y siento que (las hermanas) se tienen caridad unas con otras, obedecen de buena gana, están identificadas con la Santa Regla! Entonces mi corazón llora de consuelo y continuamente pide bendiciones para todas vosotras, para que podáis revestiros realmente del Espíritu de nuestro buen Jesús y por lo tanto hacer mucho bien entre vosotras y en favor de nuestro amado prójimo necesitado de ayuda. Sì, pero ¿cómo era el Espíritu del Señor? aquel espíritu humilde, paciente, lleno de caridad, de esa caridad propia de Jesús que nunca lo sació de padecer por nosotros y quiso padecer hasta cuándo? Ánimo pues, imitemos a nuestro amado Jesús en todo, especialmente en la humildad y en la caridad" (Carta 26).
En este período de preparación al CG XXII estoy segura que Maria Dominga nos dirige suplicante estas palabras. Demos nuestra adhesión agradecida a su invitación. Ella nos conduce a la radicalidad evangélica, a la alegría de acoger la paz que Jesús nos regala, a estar atentas al Consolador, el Espíritu que nos enseña como actualizar el mensaje de Jesús en nuestra vida y en las propuestas que le hacemos a los jóvenes en los ambientes y culturas donde estamos insertas.
Siento en el corazón una gran gratitud a Dios y a las Hermanas por la experiencia experimentada en Haïti y en Venezuela, especialmente por las misioneras del Alto Orinoco.
Llevo todo conmigo para presentarlo ante nuestra Madre Auxiliadora, en la Basílica que Don Bosco quiso erigir en su honor: cada piedra es una gracia recibida.
El "monumento vivo" que el mismo don Bosco ha querido ofrecerle a Maria Auxiliadora será siempre más hermoso gracias a la luminosidad de cada piedra que se deja penetrar y cubrir por la luz del Espíritu-amor, por los firmes nexos de comunión con las demás piedras del monumento vivo. Y será una señal siempre más evidente de la presencia de Jesús, en favor de la vida y de la esperanza de los jóvenes y de las comunidades educativas con las que nos comprometemos a ser signos y testigos del amor de Dios a las nuevas generaciones.
Maria nos acompañe y alcance el don de vivir la alegría de ser hoy sus auténticas hijas, como lo fueron en su tiempo Maria Dominga y nuestras primeras hermanas.

Roma, 13 de mayo de 2007

Sor. Antonia Colombo

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