Buenas Noches al terminar la celebración de Vísperas del 23 de mayo

Buenas Noches al terminar la celebración de Vísperas del 23 de mayo Queridas Hermanas y queridos hermanos:

Estamos aquí esta tarde, convocados por María Auxiliadora, en la Basílica dedicada a Ella por la fe y el amor de Don Bosco (Turín – Basílica de María Auxiliadora). Con nosotros están espiritualmente presentes muchas otras personas que desde todas las partes del mundo miran con agradecimiento este lugar sagrado. La restauración del Santuario ahora ya casi terminada lo ha devuelto a su pleno esplendor.
Admirándolo, recordamos que Don Bosco quiso construir otro monumento a María: el Instituto de las FMA. Todas nosotras somos piedras vivas purificadas por la acción del Espíritu, unidas en comunión por la gracia de su amor que, como cemento nos hace una construcción única para la gloria del Padre. Juntas queremos ser signo y expresión del amor preventivo de Dios. Así nos pensaron nuestros Fundadores.
Somos conscientes del don recibido y compartimos con todos los bautizados la llamada a colaborar en el adviento del Reino de Dios. En efecto, somos partícipes de la comunión eclesial como comunidades educativas y Familia Salesiana en el mundo, como familia de los hijos e hijas de Dios regenerados en el Bautismo por el Espíritu.
En el triduo que prepara a Pentecostés miramos a María, la mujer abierta por completo al don del Espíritu, a su presencia en la morada del corazón.
El pasado 12 de mayo, en la vigilia de la apertura de la V Conferencia general del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Benedicto XVI, después de la oración del Rosario, afirmaba:
“Permaneced en la escuela de María, inspiraos en sus enseñanzas, intentad acoger y conservar en el corazón las luces que Ella, por mandato divino, os envía desde lo alto”.
Es Ella la que nos lleva a la estancia superior para quedar en espera del Espíritu y nos señala la forma de abrir nuestras mentes y nuestros corazones para acogerlo; es Ella la que suscita todavía hoy en los jóvenes el deseo de seguir radicalmente a Jesús y ofrecer la vida para dar testimonio del amor verdadero.
En la escuela de María nos abrimos, pues, al Espíritu que nos hace renacer desde lo alto, nos da la vida nueva prometida por Jesús.
Santa Teresa de Jesús, hablando de esta nueva vida, afirma que no “sabemos quienes somos” y vivimos “en la periferia de nuestro ser”, sin alcanzar la profundidad del centro interior habitado por la Trinidad.
Para saber verdaderamente quienes somos hemos de reconocer en la vida cotidiana la presencia de Dios, discernir los caminos evangélicos en línea con su proyecto de amor; cultivar como María una mirada intuitiva y penetrante para descifrar las necesidades profundas de la realidad en que vivimos, la atención del corazón que no sólo intuye las urgencias, sino que responde con solicitud, como hizo Ella en la visita a Isabel y en las Bodas de Caná.
Con María también nosotros podemos ser misioneros del amor en el ambiente en que vivimos, cada cual según la propia vocación, sobre todo allí donde es más fuerte la pobreza de la carencia de amor.
Hace algunos días, el Rector Mayor Don Pascual Chávez, escribiéndome me comunicaba que pasaría la fiesta de María Auxiliadora en Lorena, junto a los 13 Obispos SDB y a las dos FMA participantes en la V Conferencia del CELAM. Desde Aparecida aseguraba su recuerdo e invocaba el don del Espíritu que enseña a ser discípulos fieles de Jesús y animosos misioneros del su Evangelio...

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