“Evangeli Gaudium”: la Iglesia según Francisco

“Evangeli Gaudium”: la Iglesia según Francisco Vaticano (Italia). “Evangeli Gaudium” es el título de la Exhortación Apostólica con que el Papa Francisco presenta el tema del anuncio del Evangelio en el mundo actual, en el que ha recogido la aportación de los trabajos del Sínodo  que tuvo lugar en el Vaticano, del 7 al 28 de octubre  de 2012, sobre el tema “La nueva evangelización para la trasmisión de la fe.

La exhortación apostólica – explicó el padre Federico Lombardi- la escribió el Pontífice de su puño y letra, en español, en el mes de agosto, después de la JMJ de Río y se pone en continuidad con la enseñanza de Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi , remarcando la centralidad de la  persona de Jesús como “primer evangelizador”; un texto que invita a recuperar  una visión profética y positiva de la realidad, sin apartar la mirada de las dificultades”. Es un texto que  está leído con atención y profundidad. El Papa explica  cuál es su vida espiritual y de unión con Dios y traza las líneas que la Iglesia debe recorrer para renovarse de forma creíble.

Muchos aspectos del contenido de la exhortación ayudan a recorrer el camino indicado por el Instituto para ser hoy, con los jóvenes, ¡casa que evangeliza”! La llamada a los rasgos típicos de la espiritualidad y misión salesiana, como la alegría, la corresponsabilidad con los laicos, el amor preferencial por los jóvenes, la amabilidad i ternura de una Iglesia que es Madre, el amor a María, la valorización de la mujer, el protagonismo de los jóvenes y la pastoral audaz y misionera, son para toda  fma y Comunidad educativa, una oportunidad de reflexión y de conversión  para dejarse evangelizar el corazón y anunciar a Jesús de manera creíble.

“La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera  de los que se encuentran con Jesús” es el principio, totalmente salesiano, del Evangelii gaudium; es la llamada a todos los bautizados, sin distinción de roles, para que lleven a los demás al amor de Jesús.

 Un primer rasgo es la invitación del Papa a “recuperar el frescor original del Evangelio”: Jesús no va aprisionado entre  “esquemas aburridos” (11). Se necesita una conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están (25) y una reforma de las estructuras eclesiales para que todas  “se hagan   más misioneras” (27).
La pastoral en clave misionera exige abandonar el cómodo criterio pastoral del “siempre se ha hecho así”.  Invito a todos a ser audaces y creativos en este deber de repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores de las propias comunidades (33). En  este plano Francisco se implica en primera persona. De hecho piensa también en “una  conversión del papado” para que sea “más fiel al significado  que Jesucristo entiende darle a las necesidades actuales de la evangelización”.

Ve otro rasgo  en el centro de la reflexión del verbo “salir”. Las iglesias tengan en todas partes “las puertas abiertas” para que todos los que están cerca  no encuentren la frialdad de una puerta cerrada”.Ni tampoco las puertas de los sacramentos debieran cerrase nunca. La misma Eucaristía “no es un premio para los perfectos sino un   generoso remedio y un alimento para los débiles”. Lo
cual determina “también consecuencias pastorales que estamos llamados a considerar con prudencia y audacia” (47). Con frecuencia  nos comportamos como controladores de la gracia y no como facilitadores. La Iglesia no es una aduana, es la casa paterna donde hay  lugar para cada uno con su vida fatigosa. El  Papa Francisco insiste en que prefiere una Iglesia “herida y sucia  por haber salido  por las calles, antes que una Iglesia  prisionera de sí misma, encerrada en una maraña de obsesiones y enjuiciamientos. Si algo debe santamente inquietarnos, es que muchos hermanos nuestros viven” sin la amistad de Jesús.
El anuncio del Evangelio debe tener características positivas: Cercanía, respeto, compasión, paciencia  por la fatiga de un camino de maduración. (49).
Se entretiene también en la opción preferencial por los pobres. Hoy y siempre, “los pobres  son los destinatarios privilegiados del Evangelio” y la evangelización dirigida a ellos gratuitamente es signo del Reino que Jesús vino a traer. Hay que afirmar sin giros de palabras que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres. Además de ser pobre y para los pobres, la Iglesia querida por Francisco es  valiente al denunciar el actual sistema económico, “injusto en la raíz (59).
Hoy debemos decir “no a una economía de la exclusión y de la iniquidad”. Esta economía mata. No es posible que no sea noticia el hecho de que un anciano muera aterido de frío, reducido a vivir en la calle y en cambio lo sea el descenso de dos puntos en bolsa. Esto es exclusión. Ya no se puede tolerar el hecho de que se tire el alimento, cuado hay gente que pasa hambre. Esto es iniquidad.
Finalmente, más espacio en la Iglesia a los laicos, a la mujer y a los jóvenes. Que las comunidades eclesiales se guarden de celos y envidias. Es importante hacer crecer la responsabilidad de los laicos, hasta ahora tenidos “al margen de las decisiones” a causa de “un excesivo clericalismo” (102). Fundamental  es también “ampliar  los  espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia”, porque el genio femenino es necesario en todas las expresiones de la vida social; por tal motivo se debe garantizar  la presencia de las mujeres también en el ámbito laboral” y en los diversos lugares donde se toman las decisiones importantes, tanto en la Iglesia como en las estructuras sociales (103). Luego el Papa evidencia que los jóvenes deben tener “un mayor protagonismo” (106), Referente a la escasez de vocaciones al sacerdocio  y a la vida  consagrada que se encuentra en muchos lugares, afirma que “a menudo esto es debido a la ausencia  en las comunidades de un fervor apostólico contagioso” (107).

La exhortación  concluye con una oración a María “Madre de la Evangelización”. Hay un estilo mariano en la actividad evangelizadora de la Iglesia, cada vez que miramos a la Madre de Dios “volvemos a creer en la fuerza revolucionaria de la ternura y del afecto”.
Confiemos a María Auxiliadora este gran desafío que el Papa  entrega a la Iglesia y pidamos el valor y la fuerza para ponerla en acción  en nuestras Comunidades educativas y en el Instituto.

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