Los migrantes ¡no son números!

Los migrantes ¡no son números! El 18 de diciembre se celebra la Jornada Internacional del Migrante, instituida en el 2000 por las Naciones Unidas con el objetivo de destacar la importancia del la conocimiento y del respeto de los derechos fundamentales de muchos individuos que hoy como en el pasado dejan su país  de origen para buscar mejores condiciones de vida y de nuevas oportunidades de trabajo, para huir de las guerras y de las violencias, un fenómeno que precisamente en los últimos decenios ha tenido un crecimiento fortísimo en todo el mundo.

La fecha  se eligió  para llamar la atención de la Convención  Internacional sobre la Protección  de los Derechos de los Trabajadores Migrantes y de los Miembros de Sus Familias, adoptada el 18 de diciembre  de 1990 por la asamblea de las Naciones Unidas. Desde entonces hasta   ahora, han sucedido muchas cosas que han cambiado completamente los equilibrios internacionales. También el escenario de las migraciones internacionales ha cambiado totalmente. Sin embargo por la aprobación de la convención, la salvaguarda de los derechos de las y de los migrantes, refugiados y evacuados es todavía una meta que alcanzar. Las violaciones de los derechos humanos que diariamente viven en el mundo los emigrantes evidencian la urgencia de una colaboración entre los diversos Estados de los que parten los emigrantes y los Países a donde llegan, con adecuadas normativas internacionales en condiciones de  armonizar  las diversas disposiciones legislativas. Con mucha frecuencia se violan los derechos de los emigrantes en los Países de “acogida” donde no se les considera como humanos o trabajadores sino como manos de obra para explotar  o esclavizar.
En el mensaje con ocasión de la Jornada Mundial del migrante y del Refugiado, en programa para el 19 de enero de 2014, el Papa Francisco apunta el dedo contra el rechazo, la discriminación, el tráfico  de la explotación, del dolor y de la muerte. «Emigrantes y refugiados no  son fichas de ajedrez  sobre el tablero de la Humanidad», subraya el Papa y pide una ayuda recíproca   entre los Países para superar las dificultades ligadas al fenómeno, entre  las cuales los prejuicios  y los miedos de las poblaciones en las confrontaciones del diferente.
En su discurso la situación del emigrante se comparó  a la de la Sagrada Familia.
Jesús, María y José, experimentaron lo que significa dejar la propia tierra y ser emigrantes: amenazados por la sed de poder de Herodes, se vieron obligados a huir y a refugiarse en Egipto. El Papa pide un cambio  de actitud en las confrontaciones  con  los inmigrantes: «Hay que superar prejuicios y prevenciones, pasar de una cultura de la separación a una cultura del encuentro y de la acogida».
Hay una “tradición de solidaridad” en muchas de nuestras realidades salesianas y por esto no podemos dejar de luchar para que los migrantes que viven junto a nosotros tengan una casa y un trabajo y puedan participar con la misma dignidad en la construcción del futuro  de nuestras ciudades y de nuestros Países. Esta fecha es verdaderamente una oportunidad para nuestras comunidades educativas.
La lucha  contra la exclusión, contra la marginalidad, contra  el racismo y  en la defensa de los derechos  va  a la par y parte ante todo  del compromiso concreto de cada una y cada uno de nosotros en el contexto en que estamos llamadas a promocionar la persona en todas sus  dimensiones, incluso la espiritual.
¿Sabremos ofrecer a los migrantes las mismas oportunidades que nosotros hemos tenido?

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