“Cristo no puede estar dividido”

“Cristo no puede estar dividido” Roma (Italia). Una frase de una carta del apóstol Pablo a los Corintios “Cristo no puede estar dividido”, y  la palabra “juntos” han sido elegidas como hilo conductor de la semana del 18 al 25 de enero, para promover y reforzar la unidad de los cristianos.

Temas que encontramos en aquel documento decisivo de prospectivas pastorales que es el Evangelii Gaudium del papa Francisco que entre otras cosas escribe: «Dada la gravedad de los contra testimonios de la división entre los cristianos, especialmente en Asía y en África, la busca de itinerarios de unidad es urgente. Si nos concentramos en las convicciones que nos unen y recordamos el principio de la jerarquía de la verdad, podremos caminar prontamente hacia formas comunes de anuncio, de servicio y de testimonio. La inmensa multitud que no ha aceptado el anuncio de Jesucristo no puede dejarnos indiferentes».

En realidad, como nos hace comprender Pablo en la primera carta a los Corintios, el riesgo de la fragmentación entre los creyentes, bautizados en el nombre de Jesucristo, está presente desde los inicios. La división de las iglesias, tiene raíces históricas y culturales, pero al final todas se reducen  a una deformación de la fe cristiana. Sólo Jesucristo, con su muerte en la cruz, como acto extremo de amor une a todos los seres humanos entre ellos y con Dios. Durante la Semana de oración por la unidad de los cristianos, las Iglesias y las comunidades eclesiales recuerdan juntas que Cristo es su único fundamento, y que solamente adhiriéndose a Él y viviendo su único Evangelio pueden encontrar la única y visible unidad entre ellos.

Fundar nuestra vida en Cristo, por tanto, significa  ser una sola cosa con Él, pensar como Él piensa, querer lo que Él quiere, vivir como Él ha vivido. Pero ¿cómo fundarnos, arraigarnos en Él? ¿Cómo ser una sola cosa con Él? Poniendo en práctica el Evangelio. Jesús es el Verbo, es decir la Palabra de Dios que se encarnó. Y si  Él es la Palabra que asumió la naturaleza humana, nosotros seremos verdaderos cristianos si somos hombres y mujeres que conforman toda su vida con la Palabra de Dios. Si nosotros vivimos sus palabras, incluso, si sus palabras nos viven, hasta hacer de nosotros “Palabras vivas”, somos uno con él, nos aferramos a Él ya no vive el yo o el nosotros sino la Palabra en todos. Podremos pensar que viviendo así haremos una aportación para que la unidad entre todos los cristianos sea una realidad.

‘Juntos’ para promover el diálogo y el encuentro: «Una actitud de apertura en la verdad y en el amor debe caracterizar el diálogo con los creyentes de las religiones cristianas, no obstante los varios obstáculos y las dificultades, particularmente los fundamentalismos de todas las partes. Este diálogo interreligioso, recuerda el Papa, es una condición necesaria para la paz del mundo, y por tanto es un deber para los cristianos, como para las otras comunidades religiosas». El diálogo debe ser en primer lugar una conversación sobre la vida humana o simplemente una actitud de apertura, compartiendo alegrías y preocupaciones. Así se aprende a aceptar a los demás en su diferente manera de ser, de pensar y de expresarse. El compromiso por la unidad que facilite la acogida  a Jesucristo debe transformarse en una vía imprescindible de la evangelización.

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