Presentes para testimoniar y compartir

Presentes para testimoniar y compartir

Sr. Candida Aspesi

Poder comunicar con hermanas, jóvenes, colaboradoras y cada persona que accede a nuestro sitio, me da alegría y me hace sentir parte de una gran familia, ciudadano de un mundo que, cada día, deseo se vuelva cada vez más bonito, justo y solidario. El sueño del instituto Hijas de Maria Auxiliadora es contribuir a construir el bien de todo y cada una: el bien común.

Vivimos una estación favorable. 
Sí, favorable porque los numerosos desafíos del mundo de hoy, la situación de incertidumbre y miedo, las antiguas y nuevas pobrezas que conciernen especialmente el mundo juvenil son una súplica a la esencialidad, a un estilo de vida humilde y sobria que tiene el poder de pintar la vida y de transportarla en una perspectiva de cura, responsabilidad, estupor por las pequeñas cosas, "atención" por los matices, el detalle, el empeño de vivir el justo "Yo" como un "Yo hospitalario" y coherentemente "solidario."

La virtud de la sobriedad renueva la pasión por Dios y la com-pasión para las jóvenes, los jóvenes y por cada criatura. 

Frente a las multitudes que sufren en la indigencia y en el abandono, el socorrerlas todavía es un deber de justicia primera que un acto de caridad, el Papa subraya en el Mensaje por el Cuaresma. Y las Sagradas Escritura nos enseña acerca de esto que hay más alegría en dar que en recibir, (cfr Ac 20,35). 
Cuando actuamos con amor expresamos la verdad de nuestro ser: hemos sido en efecto creados no por nosotros mismos, pero por Dios y para los hermanos, (cfr 2 Cor 5,15).
Quando agiamo con amore esprimiamo la verità del nostro essere: siamo stati infatti creati non per noi stessi, ma per Dio e per i fratelli (cfr 2 Cor 5,15).
Cada vez que por amor de Dios compartimos nuestros bienes con el próximo pobre, experimentamos que la plenitud de vida viene del amor y todo nos vuelve como bendición en forma de paz, de interior satisfacción y de alegría (cf. Mensaje del Papa por el Cuaresma 2008).

El presente es un tiempo que nos pertenece, un tiempo de gracia para testimoniar el amor preveniente del Padre: sólo un corazón que ama puede comprender y compartir.  
Sólo un corazón que ve las necesidades, las dificultades, las faltas como llamada a actuar y a rogar, perciben presentes muchas señales de esperanza diseminadas en el cotidiano, que sirven a alimentar un fuerte amor (Benedicto XVI - Encíclica Spe Salve).
Se trata, en síntesis, de expresar, en el hoy, en unión y continuidad, la maternidad de María, como nuestra misión específica en la Iglesia y en la Familia Salesiana. 

En el mes de marzo, la solemnidad de la fiesta de S. José, me estimula a invocarlo porque su presencia de padre, en la familia de Nazareth, se dilata como paternidad discreta y sabia por muchos niños y jóvenes a menudo faltos de una' auténtica figura paternal.

Bueno día y buena continuación del Cuaresma, en camino hacia la alegría de la Pascua.

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