FELICITACIÓN DE NAVIDAD 2008

FELICITACIÓN DE NAVIDAD 2008 Queridas Hermanas,
Es para mí una gran alegría conectar con vosotras para que escuchéis directamente la felicitación de Feliz Navidad y Feliz Año 2009 también en nombre de Madre Antonia y de las Hermanas del Consejo.
Lo hago hoy, día de vísperas, para nosotras doblemente querido por la conmemoración mensual de María Auxiliadora.

Me gusta pensar que su ser ayuda en estas horas de espera es la de acompañarnos a acoger a Jesús, a hacernos regazo para Él, casa donde su amor pueda manifestarse plenamente.

El reciente Sínodo sobre la Palabra invita a reconocer en Jesús el Rostro de la Palabra. En Él no sólo escuchamos la voz de la Palabra, sino que la contemplamos en el misterio de su hacerse carne, de su hacerse uno de nosotros.

En la sencillez y pobreza de su nacimiento, Jesús se revela como Signo sorprendente del amor del Padre que tiene predilección por los pequeños, por los pobres, por todos los que esperan de Él la alegría de la salvación.
En la oscuridad de una gruta se ha manifestado al mundo la luz que ilumina nuestra vida; se nos ha revelado el camino que conduce a plenitud nuestra humanidad y realiza nuestras más profundas aspiraciones hacia un mundo más justo y fraterno; un mundo de esperanza y de paz.

En el mensaje para la Jornada mundial de la paz 2009 el Santo Padre pone de manifiesto el estrecho binomio entre estas acciones: combatir la pobreza, construir la paz. Os invito a profundizar, también como comunidades educativas, el rico contenido del Mensaje, hasta poder traducirlo en recorridos concretos en la existencia de todos los días. Ésta será una manera de valorar la orientación asumida a propósito de la pobreza durante el CG XXII, hoy, signo de la importancia para nosotras, de este tema.

En el humilde pesebre de Belén contemplamos a un Niño envuelto en pañales, necesitado de cuidados, de amor. Aquel Niño es el buen Samaritano que ha venido a fajar nuestras heridas, a reanimarnos en nuestras debilidades y fragilidades, a poner las premisas para la verdadera paz. Él nos abre las puertas de la Gran Esperanza que va más allá de toda espera humana y permanece más allá de nuestras desilusiones. Esta  Esperanza es la certeza de ser amados por Dios, constantemente sostenidos por su abrazo de Padre.

Acompañadas por María, también nosotras estamos llamadas a ser signos del amor preventivo de Dios.
Son muchos en el mundo – especialmente las jóvenes y los jóvenes – que esperan ver, tocar, experimentar la Palabra de verdad y de amor que sana y cura.
Esta Palabra pasa hoy a través de nuestro testimonio de vida, los gestos que mostramos, las opciones que hacemos, los caminos que recorremos.

Deseo que nuestras comunidades FMA, nuestras comunidades educativas, con su misma existencia puedan hacer resonar la invitación: “Venid todos a adorar al Señor”.

Mi felicitación se extiende a vuestras familias, a nuestros queridos hermanos Salesianos y a los otros grupos de la Familia Salesiana, a las comunidades educativas y, en ellas, a las jóvenes y a los jóvenes; seamos en medio de ellos los que anunciamos ¡la gran alegría de la Navidad!

Suor Yvonne Reungoat


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