Una Iglesia con rostro indígena

Roma (Italia). El 6 de octubre de 2019 se inició con la Celebración Eucarística presidida por el Santo Padre, en la Basílica de San Pedro, la apertura del Sínodo Pan- Amazónico, sobre el tema “Amazonía: nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral.”

184 son los Padres Sinodales participantes: 113 provienen de las circunscripciones eclesiales pan-amazónicas, que ocupan un territorio de nueve naciones (Guayana francesa, República cooperativista de la Guayana, Surinam, Venezuela, Colombia, Ecuador, Brasil, Bolivia, Perú). Entre los otros participantes hay 17 representantes de los pueblos indígenas, 55 auditores y auditoras.

Por el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora participan, como auditoras, Sor Maria Carmelita de Lima Conceiçao, Superiora provincial de la Inspectoría Laura Vicuña de Manaos (BMA) y Sor Mariluce dos Santos Mesquita, FMA perteneciente a la etnia Barassana (Brasil) de la Inspectoría S. Teresinha (BMT).

El objetivo principal es “encontrar nuevas vías para la evangelización de aquella porción del pueblo de Dios, en particular las personas indígenas, a menudo olvidadas y sin la perspectiva de un futuro sereno, también a causa de la crisis de la selva amazónica, pulmón de fundamental importancia para nuestro planeta.

El Sínodo es, pues, un evento de enorme importancia para las Iglesias de la Amazonia, llamadas a dar respuesta a los desafíos ambientales, económicos y sociales encarnándose más en su contexto, pero también es importante para la Iglesia Universal, porque los problemas que afronta afectan a todos los pueblos y territorios.

La Amazonía tiene una extensión de 7,8 millones de km. en Sud América. Su superficie ocupa parte de nueve Países: Brasil, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Guayana, Suriname y Guayana francesa. De esta inmensa extensión los bosques cubren cerca de 5,3 millones de km, igual a más de un tercio de los presentes sobre la tierra. Pulmón verde por excelencia del planeta, tanque de oxígeno que hace respirar la humanidad entera, la Amazonía es también una de las más grandes reservas de biodiversidad y contiene por sí sola el 20% de agua dulce no congelada de la tierra.

En la Misa de apertura el Papa Francisco dijo: “De ningún modo la Iglesia puede limitarse a una pastoral de “mantenimiento”, para los que ya conocen el Evangelio de Cristo. El impulso misionero es un signo claro de la madurez de una comunidad eclesial. Porque la Iglesia está siempre en camino, siempre en movimiento, nunca debe estar parada”. Después ha recordado que Jesús no ha venido a traer la brisa de la tarde, sino el fuego sobre la tierra. El fuego no se alimenta por sí mismo, muere si no se le procura la vida, se apaga si la ceniza lo cubre. Si todo se queda como está, si lo que marca nuestros días es el “siempre se ha hecho así”, el don se desvanece, sofocado por las cenizas de los temores y de la preocupación de defender el status quo. Dios no nos ha dado un espíritu de timidez, sino de fuerza, de caridad y de prudencia. La prudencia no es indecisión, es la virtud del Pastor, que para servir con sabiduría, sabe discernir la novedad del Espíritu”. En la óptica evangélica ha exhortado a los Padres Sinodales a ser fieles a la novedad del Espíritu, que “inspire nuestro Sínodo a renovar los caminos para la Iglesia en Amazonía, para que no se extinga el fuego de la misión.”

Existen más de 130 eventos e iniciativas para profundizar las temáticas discutidas de la Asamblea y hacer conocer la realidad de los pueblos indígenas. “Amazonía: casa común” (www.amazonia-casa-comun.org) está entre éstas, un espacio físico de encuentro y de disponibilidad para quien quiere conocer rostros, historias y documentos de esta parte del Planeta. Oración, escucha y camino para acompañar el trabajo de los Padres Sinodales.

La Superiora General de las Hijas de María Auxiliadora, Sor Yvonne Reungoat, en la Carta Circular n. 990 escribe a las Comunidades Educativas: “La celebración de la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para la Región Panamazónica es un evento providencial, recuerda a toda la Iglesia su identidad profunda, su vocación misionera: “Id por todo el mundo y proclamad el Evangelio a todas las criaturas” (Mc 16,15).

[…] Pienso, queridas hermanas, que es una cuestión de amor y quien ama sabe comprender, adaptarse, sabe caminar rápido para hacerse cercano. Este principio nos toca de cerca a todas nosotras en cualquier lugar que nos encontremos para vivir nuestra “misionariedad.”

Hacernos misioneras es el mandato dirigido, como gesto de confianza, por Dios, por la Iglesia y por el Instituto. Es el mandato misionero que nos ha llegado del CG XXIII y que el Papa Francisco ha hecho resonar en el corazón de las Capitulares presentes en la audiencia: “Misioneras de alegría y de esperanza”, es decir, educadoras, discípulas misioneras que renuevan “la pasión y el compromiso por la misión educativa evangelizadora, en cualquier situación, en cualquier obra, aunque sea inédita, en que se exprese el carisma salesiano” (Actas CG XXIII, n. 50)

El Sínodo es una ocasión para reavivar el don recibido, reanudar el camino “misionero” con pasos valientes, humildes, a veces fatigosos, seguras de la presencia de María que siempre acompaña a ser “misioneras de esperanza y alegría”. “Tener encendido el fuego del da mihi animas cetera tolle que lleva a arriesgar la vida, a ser audaces, a no tener miedo de los cambios, a ser abiertas a los nuevos desafíos de la contemporaneidad”: es el empujón a hacerse cargo de los hermanos en todo el Mundo y a custodiar juntas la “Casa Común”.

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