Vuestro ejemplo es más fuerte que las palabras

Vuestro ejemplo es más fuerte que las palabras Honiara (Islas Salomón). Sor Anna María Gervasoni nos pone al corriente sobre la vida en las Islas Salomón: «Últimamente las Islas Salomón están un poco húmedas. De hecho, la estación de las lluvias todavía no ha terminado y los temporales desastrosos  se alternan con días de sol ardiente que sube el grado de humedad hasta las estrellas. En las zonas siniestradas  la gente  todavía sufre, aunque las ayudas siguen llegando, sobre todo las casas de comercio de Honiara que mandan camiones de sacos de arroz y  víveres diversos, mientras que en las parroquias recogemos indumentaria principalmente.
Uno de nuestros estudiantes nos contaba que, a causa de las inundaciones, permaneció en su pueblo para ayudar, quedó incomunicado  a causa de la destrucción de los puentes. Para regresar a Hontiara aprovechó la embarcación que traía a los alumnos de una gran escuela superior de la zona, una vez  pasado el peligro y  quitado el barro de los edificios. A lo largo de la costa podían verse las cicatrices de tierra y barro dejadas  por los torrentes que desde las montañas iban a parar al mar, grandes caminos de barro marrón en medio del verde de la jungla.
Como estación de las lluvias nos es muy diferente de las de  años anteriores. La gran diferencia, que ha causado inundaciones y muerte,  se debe a la deforestación  salvaje que se lleva a cabo en esta isla por grandes compañías madereras. Cortan  ferozmente árboles en las montañas y, dado que son arcillosas, la tierra no las retiene y se resquebrajan llevando toneladas de detritos hacia la costa donde  se encuentran las poblaciones. En los periódicos ha habido una larga polémica, pero todos sabemos que, puesto que ello supone una fuerte entrada para las cajas del estado, pronto este asunto será silenciado  y las sierras eléctricas reemprenderán su música. Algunos camiones  ya han reanudado su vaivén precisamente en la zona donde murieron 20 personas, provocando la ira y la indignación de la gente que está llorando todavía a sus seres queridos.
Nosotras personalmente, tanto como escuela como comunidad, estamos ayudando  en un centro para chicos y chicas sordomudos que se abrió hace dos años. Tienen la escuela y los dormitorios en una zona no alcanzada por la riada, pero sus huertos (su único sustento) han quedado totalmente destruidos. Además han quedado aislados  durante varios días  hasta que un misionero que vive con ellos ha podido vadear los diversos torrentes con el camión  y venir a la ciudad ‘escoltando’ los  víveres. Son muchachos procedentes de varias partes de las Islas Salomón y sus familias no los ayudan, obcecados  aún por la creencia de que son   para esconderlos más que para animarlos. Gracias a las “florecillas” de cuaresma de los chicos de la catequesis de un oratorio de Milán ya hemos proveído  a su mantenimiento con algunos sacos de arroz, en espera de que los huertos empiecen a producir de nuevo. Hemos comenzado también una especie de hermanamiento  con ellos acogiéndolos por dos fines de semana en la escuela salesiana para un programa de primeros pasos en la informática. Algunos estudiantes se han ofrecido como voluntarios para animar los recreos e iniciarlos en la informática,  totalmente desconocida para la mayoría de ellos. A decir verdad sólo 8 sobre 30 saben leer  y escribir por lo que ha sido todavía más laborioso comprometido, pero  gracias a los programas de dibujo y fotografía, a juegos instructivos y a la paciencia de los estudiantes de la escuela Don Bosco, todos han podido divertirse y trabajar provechosamente.
Estamos valorando (con la ayuda de algunos  financiadores) la posibilidad de tener un taller estable en su escuela ya que la informática podría ser una oportunidad para comunicarse y también para encontrar un empleo en la ciudad y salir de la marginación en la que se les tiene todavía.
Ver cómo nuestros estudiantes se ocupaban de estos chicos, aprendiendo su lenguaje, animándolos a escribir o a dibujar  ha sido una panacea para nosotros educadoras y educadores y salesianos.
El sistema educativo de don Bosco, jóvenes para los jóvenes, nunca falla,  ni siquiera ante las mas terribles inundaciones. No tengáis miedo de pedir a vuestros chicos colaboración, compromiso e incluso algo más, pero apoyadlos con vuestro ejemplo, que incide  más  que las palabras y hace crecer en el corazón el deseo y la alegría de dar».

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