Un Año de la fe

Un Año de la fe “Abrid las puertas a Cristo” propuso Juan Pablo II en octubre de 1978 inmediatamente después de la elección a Sucesor de Pedro. La imagen de la ‘puerta’ (cf. He 14,27) la ha elegido también Benedicto XVI como icono para el Año de la fe, que iniciará el 11 de octubre de 2012, en el aniversario de los cincuenta años de la apertura del Concilio Vaticano II, y terminará el 24 de noviembre de 2013, solemnidad de Jesucristo Rey del Universo. En la Carta apostólica de indicción, “Porta fidei” el Papa desea que este Año “haga cada vez más fuerte la relación con Cristo, el Señor, pues sólo en Él tenemos la certeza para mirar al futuro y la garantía de un amor auténtico y duradero” (Porta fidei 15).
En estos días celebramos la solemnidad de Todos los Santos y de los fieles Difuntos; su testimonio nos recuerda que la sustancia de la santidad está precisamente en el dejar que el Señor Jesús entre en la vida de cada creyente. Significa abrirle de par en par las puertas para que la Buena Noticia convierta nuestra existencia.

El deseo del Papa es que se actúe “un compromiso eclesial más convencido en favor de una nueva evangelización para redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo en el comunicar la fe” (PF 7). Recordando que “el conocimiento de los contenidos de la fe es esencial para dar el propio asentimiento, es decir, para adherirse plenamente con la inteligencia y la voluntad a lo que propone la Iglesia (PF 10) el Papa propone una relectura profundizada del Catecismo de la Iglesia Católica, “subsidio precioso e indispensable”. Además delinea un recorrido “que ayude a comprender de forma más profunda los contenidos de la fe”, y pone de manifiesto la importancia fundamental del testimonio también en el compromiso público porque “no se puede nunca pensar que creer es un hecho privado” (PF 10).

En la Carta apostólica de Benedicto XVI encontramos de nuevo la exhortación a “una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo” (PF 6); para nosotras FMA, esto permite reavivar el compromiso específico del camino indicado en el CG XXII.
Es gracias a la fe, dice el Papa, que una vida nueva “plasma toda la existencia humana en la radical novedad de la resurrección. En la medida de su libre disponibilidad, los pensamientos y los afectos, la mentalidad y el comportamiento del hombre se purifican y se transforman lentamente, en un proceso que no termina de cumplirse totalmente en esta vida” (PF 6).

En el nº 13 de la Carta, el Papa invita a tener “fija la mirada en Jesús”, según el ejemplo de muchos testimonios de la fe: “Por fe, María acogió la palabra del Ángel y creyó en el anuncio de que sería la Madre de Dios”. Por fe vivieron los Apóstoles… los discípulos… los mártires… hombres y mujeres que han consagrado su vida a Cristo…muchos cristianos. “También nosotros vivimos por la fe: para el reconocimiento vivo del Señor Jesús, presente en nuestras vidas y en la historia” (PF 13).

Por una feliz coincidencia, la reciente circular nº 922 de Madre Yvonne Reungoat sobre el tema “La alegría de evangelizar”, subraya la responsabilidad de cada FMA en el “dar luz nueva al servicio de evangelización que la Iglesia espera de los cristianos y, con mayor razón, de las personas consagradas”. La Madre nos recuerda que “por vocación, nos sentimos particularmente interpeladas a dar nuestra contribución específica en todo el mundo. El conocimiento de que santidad y misión son estrechamente correlativas, abre nuestro corazón a acoger la exigencia de la nueva evangelización como don y compromiso para renovar nuestra vida de fe”.
La Madre concluye con la invitación a confiar en María, Estrella de la evangelización, el compromiso de evangelizar con entusiasmo y a invocarla para que nos enseñe a todas nosotras a “ser, hoy, presencias luminosas, portadoras de alegría y de esperanza, misioneras de la Palabra”.

Como Instituto, estamos infinitamente agradecidas al Santo Padre por el don precioso de su Carta y por la indicción del Año de la fe que ciertamente hará más fuerte y gozoso nuestro caminar y nuestra relación con el Señor Jesús.

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