Hacia la Beatificación de Pablo VI

Hacia la Beatificación de Pablo VI

Roma (Italia). Todavía no se ha extinguido el eco de la canonización de Juan Pablo II y  de Juan XXIII que ya otro Papa, Pablo VI, está para realizar un paso decisivo hacia la gloria de los altares. De hecho Radio Vaticano ha apenas anunciado que “en la audiencia”  del 10 de mayo el Santo Padre autorizó al Dicasterio para comunicar que el rito de la canonización de Pablo VI tendrá lugar en el Vaticano, el 19 de octubre de 2014”.

Pier Giordano Cabra, religioso de la Congregación Sacra Familia di Nazareth, escribe una reflexión sobre  Pablo VI al que se refiere en el texto:

¿«Un Pontífice débil, machacado entre dos pontífices fuertes? El Papa Francisco, en el breve discurso de canonización del 27 del pasado abril, erigió un digno monumento a los dos pontífices que precedieron  y siguieron  al pontificado de Pablo VI: “Dos hombres valientes que conocieron las tragedias  del 900 sin ser oprimidos   por ellas”.
Incluso si las comparaciones no son apropiadas, ni mucho menos autorizadas, el pensamiento de alguno puede estar lejos del pontificado de medio, el del Papa bresciano, que puede mostrarse  muy lejos tanto de la seguridad carismática del Papa Juan como de  la  fuerza directiva de Juan Pablo II.
¿Un hombre indeciso entre dos  intrépidos? Un hombre débil entre dos fuertes?
Nada más arbitrario, porque hay fortaleza y fortaleza; está  la fortaleza de quien se siente movido por una fuerza interior, está la fortaleza  de un comandante en el campo que involucra a sus tropas en la fuerza interior, es la fortaleza de un comandante en el campo que involucra a sus fuerzas  en la batalla y está la fortaleza solitaria del piloto que guía con mano segura una barca “en gran tempestad”.
Si Pablo VI, durante su pontificado, no conoció “las tragedias del 900”, conoció la tragedia eclesial del invierno precoz después de la prometedora primavera conciliar,  sacudida, empujada a diestro y siniestro contendido  y contestado por tradicionales y progresistas, en un período de lacerantes polarizaciones políticas y culturales, en un momento de  cambio antropológico, de aflojamiento de no pocas seguridades del pasado.
Tuvo el timón con la fortaleza del hombre manso, una cualidad tan necesaria  como poco apreciada en tiempos borrascosos, pero que es señal de fortaleza de ánimo, de “suprema potencia que respeta  el ser”, como solía decir Norberto Bobbio.
Y que para el Evangelio es bienaventuranza: “Bienaventurados los mansos porque poseerán la tierra”, aquella tierra privilegiada que es el corazón del hombre, en la cual se siembra y los frutos vienen “a su tiempo”.
Cuando Pablo VI será proclamado beato, lo será sobre todo por haber sido un manso evangélico, que no ha apagado  ninguna “lamparita humeante”, que ha sabido respetar ampliamente a las personas, que ha preferido sufrir  que hacer sufrir, con una visión lúcida  sobre el ser cristiano que se construye con “la fe y la caridad”. Lo que vale también para la construcción de la Iglesia. “Para construir construye con “la fe y la caridad”. Lo que vale también para la construcción de la Iglesia. “Para construir la Iglesia –afirmaba en un audiencia general – hay que fatigarse, hay que sufrir. Esta conclusión desbarata ciertas concepciones erróneas de la vida cristiana presentada bajo el aspecto de la facilidad, de la comodidad, del interés personal mientras que su rostro  debe estar siempre  marcado por el signo de la cruz. No es ésta una visión pesimista del cristianismo, sino realista. La Iglesia debe ser un pueblo de fuertes, un pueblo de testimonios valientes, un pueblo que sabe sufrir por su fe y por su difusión en el mundo, en silencio, gratuitamente y con amor” (1de septiembre de 1976).
Era por mansedumbre evangélica que en el cansancio del discernimiento de nuevas situaciones le gustaba decir un , seguido de un pero. Un a cuanto auténticamente humano era una propuesta un sí ante cuanto pudiera comprometer la dimensión cristiana. Lo que requería amor a su tiempo, simpatía hacia la búsqueda humana, finura cultural y al mismo tiempo valentía para decir un pero dubitativo tal vez no esperado pero necesario por fidelidad al Evangelio.
Amaba a su tiempo y escuchaba atentamente sus “alegrías y esperanzas, las fatigas y las lágrimas”, siempre “suaviter et fideliter”.  A veces parecía un Ulises cristiano, que escuchaba las voces de su tiempo, pero sólidamente ligado a la cruz, para no dejarse seducir por las sirenas.
Visto con desprendimiento la Suya fue verdaderamente la ilustración de la mansedumbre cristiana. Mansedumbre hacia las personas comprendiendo su situación particular, mansedumbre en el gobierno confiado a un cordero enviado con frecuencia, como los discípulos, “en medio de lobos” y que reusa responder como lobo, mansedumbre al rodearse de colaboradores leales más que de ejecutores obsequiosos, mansedumbre, siendo reacios para condenar. A una persona que le recomendaba condenar  una obra había respondido: «¿No sería  mejor escribir otra mejor?»

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5 comentarios
20/05/2014 16:24:40 - emanuel

14/05/2014 09:52:17 - Minkoué Florence

Je partage la joie de l’Église. Eh oui, contrairement à ce que la société veut nous faire croire, le monde appartient "aux doux ". Les violents n'auront pas le dernier mot. On peut faire preuve de douceur même dans l'adversité et la persécution comme notre doux Paul VI. Sa bonté transparait sur son visage, la position de ses mains, ses écrits. Le Seigneur nous fait la grâce en nous donnant des papes qui vivent l’Évangile chacun à sa manière. Nous marchons à la suite du Christ en vivant l’Évangile selon ce que nous sommes. C'est une Bonne Nouvelle.

12/05/2014 20:19:51 - Sor Berenice Tena M.

Comparto la alegría de esta noticia y agradezco, yo también, al P. Piergiordano por su reflexión que nos lleva a amar más a este grande Papa y a imitarlo en su amor por la Iglesia, por la humanidad entera, por todo lo creado. Y qué hermoso que el milagro responda a lo que El tanto defendió y sufrió: la vida humana desde su concepción.

12/05/2014 10:11:07 - sr. Enrica Rosanna

Grazie, caro padre Piergiordano, per questo tuo contributo sul grande Paolo VI, figlio della nobile terra bresciana, patria di tanti santi. Vivendo nella sua Casa Natale (a Concesio) anche noi, FMA, abbiamo imparato a conoscere la grandezza e la mitezza di questo Pontefice. Siamo contente di essere qui "alle sorgenti" della sua vita per imparare da Lui, vivere alla Sua scuola di santità e di amore alla Chiesa e all'uomo. Vi invitiamo tutte qui, per dissetarvi a questa sorgente di vita. Le sorelle della Comunità "Paolo VI" di Concesio

12/05/2014 08:40:43 - Suor Gianfranca fma

Ho provato un'immensa gioia e gratitudine per questa attesa notizia: la beatificazione di Papa Paolo VI. Grazie a chi ha scritto questa riflessione che ci fa conoscere la grandezza, l'umiltà intelligente, l'apertura allo Spirito Santo di Paolo VI; il suo amore alla Chiesa, la sua apertura ecumenica e al mondo.


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