Verano tiempo para…

Verano tiempo para…

Roma (Italia). Ha empezado la aventura veraniega 2014 en gran parte del mundo salesiano: chicos y chicas, educadores, adolescentes y jóvenes. Pero sobre todo una realidad en constante crecimiento, oratorios festivos, grest y ludotecas.
Una experiencia de compartir y colaborar única en su género. En un estilo de animación centrado en la relación, niños y muchachos, adolescentes, jóvenes y adultos optan por dedicar tiempo, creatividad y profesionalidad al tiempo de verano  para que se convierta  en ocasión de crecimiento humano y cristiano para todos. Escuela de relaciones, magnífica ocasión donde descubrir y rentabilizar los propios talentos, contexto privilegiado donde experimentar las potencialidades del grupo y crecer en el descubrimiento de sí y de la propia dimensión religiosa. Un período que varía  de 4 y más semana y que se prepara con mucha atención y entusiasmo por animadores y educadores y que se traduce en actividades creativas, juegos, propuestas culturales e itinerarios de fe.

El verano es también un tiempo para reflexionar… Toda realidad de la vida del hombre tiene un sentido, también la “vacación”, cuyo significado etimológico recuerda un tiempo “vacío”, un tiempo “libre” de las fatigas diarias, para llenarse de cualquier otra cosa: un tiempo para programar según válidos criterios, para que no esté privado de sentido, inútil y contraproducente, haciendo caer en el aburrimiento.
Un tiempo para programar no, sin antes, mirar alrededor todo aquello que sucede al lado  y alrededor del mundo.  Hay quien nunca se puede permitir la vuelta por el mundo, porque ni siquiera  tiene  trabajo para vivir de mala manera. Hay muchos niños y chicos de “vacaciones forzadas” porque  no tienen posibilidad de ir a la escuela, sobreviven sin recursos en las calles, son explotados como pequeños esclavos. Muchas personas no consiguen ir hacia delante, sufren y viven en el abandono y en la soledad.

El verano es también una oportunidad para regalarse a sí mismos espacios de reflexión y de encuentro con los demás y con el Trascendente, para crecer en la gratuidad, para vigorizar el espíritu con todo lo que es bello. “El verano es el tiempo para pararse, para descansar, para revisarse, para coger con las manos la propia vida. Tiempo para sí, tiempo para los demás, tiempo para lo esencial, tiempo para el espíritu, tiempo para Dios. Es un tiempo creativo. Es el tiempo para la belleza. El tiempo libre es ciertamente  una cosa bella y necesaria, pero si no tiene un centro interior, todo ello acaba por ser un tiempo vació que no nos refuerza ni alegra”. (Benedicto XVI)

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