Amiga de los pobres

Amiga de los pobres

El 7 de julio la Iglesia recuerda a la Beata María Romero Meneses, Hija de María Auxiliadora nacida en Granada Nicaragua en 1902 y vivió en San José de Costa Rica hasta el 1977.
“Jesús en persona se acercó y caminaba con ellos ”(Lc 24, 15)  Como los discípulos de Emaús,  la Beata María Romero supo reconocer la presencia viva del Señor en la Iglesia y, venciendo dificultades y miedos, fue testimonio entusiasta y valiente ante el mundo.

Sor María Romero fue un alma volcánica, como su tierra natal, Nicaragua, la tierra de loa 40 volcanes. Una mujer nacida en una familia acomodada y acreditada (su padre fue incluso ministro de finanzas) que se dio enteramente a los más  lo pobres entre los  pobres, con una total confianza en la  Providencia. Crecida en una familia cristiana, desde la niñez se sintió apóstol  entre los coetáneos, pero fue en Casta Rica que María descubrió, de manera decisiva e implicante, la verdadera condición de los pobres, y decidió dedicarse a ellos, sin reservas.
Con sensibilidad evangélica y eclesial conquisto a su ansia apostólica a las alumnas jóvenes que se convirtieron en «misioneras» (misioneritas) en los viajes  de los alrededores de la Capital, entre niños abandonados y familias desheredadas. Los mismos adultos, personas adineradas del empresariado y profesionales de renombre, fueron conquistados por su devoción mariana que obtuvo gracias  estrepitosas; y así se comprometieron en colaborar factiblemente en las iniciativas asistenciales  de sor María,  bajo la acción del Espíritu, proyectó con la audacia de la fe más auténtica en la Providencia.
Para sus pobres sor María realizó en primer momento visitas médicas gratuitas, gracias a la obra voluntaria de médicos especialistas, y después con la colaboración de industriales del lugar puso en marcha cursos de preparación profesional para chicas y mujeres. En poco tiempo dio vida a un poli ambulatorio, con varias especialidades, para asegurar asistencia médico-farmacéutica a las muchas personas y familias privadas de toda garantía social. Junto a esto predispuso equipos adecuados para acoger a los pacientes, tal vez familias enteras, otras para la catequesis y la alfabetización, otras en la antesala: luego la capilla, un jardín, y finalmente la galería con los canarios.
Para las familias sin techo, con frecuencia reducidas a una vida precaria bajo los puentes de la periferia, hizo construir, casitas «de verdad», confortables y con los colores de un pequeñísimo jardín, con el objetivo de recuperar almas amargadas, restituir dignidad a vidas embrutecidas por el abandono, abriendo el corazón a horizontes de verdad, de esperanza y de nueva capacidad de inserción social. Así salieron las ciudadelas de María Auxiliadora: una obra que continúa todavía gracias al interés de sus  colaboradores  a través de la Asociación laica de Asayne (Asociación de ayuda a los Necesitados).
Entre las muchas obras y su actividad peculiar de consejera espiritual (cada día horas y horas de absorbentes coloquios privados, las así llamadas consultas) encontró espacios y momentos de una intensa vida mística que fue la fuente del apostolado de sor María. De su iniciativa nacieron los oratorios, a decenas, la Casita de la Virgen, siempre abierta a las necesidades materiales y espirituales de los marginados, la Obra social María Auxiliadora, las «ciudadelas»  y la Asociación  Ayuda Necesitados…
La vida de sor María estuvo también caracterizada por la oración, obediencia, prodigios (como el agua de la Virgen, un ánfora  con unas pocas medallitas de María para sus pobres que ciertamente no podían  ir a Lourdes) y de un fuerte amor por Jesús Eucaristía.
Su ideal  fue “amar profundamente a Jesús, «su Rey» y difundir su devoción junto con la de su divina Madre. Su más íntima alegría fue poder acercarse a la verdad evangélica, los niños, los pobres, los sufrientes y los marginados. La mayor recompensa a sus sacrificios fue ver reflorecer en una vida «perdida» la paz y la fe”.
Se hizo «toda a todos» olvidándose de sí para conquistar siempre nuevos amigos a su Jesús, se gastó hasta el último de sus días, el primero en que se decidió tomarse un poco de descanso.
Sor María  murió el 7 de julio  de 1977.
Mientras admiramos sus ejemplos de santidad, esforcémonos en seguir sus huellas, para ser a nuestra vez valientes testimonios de Evangelio. 

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2 comentarios
18/07/2014 18:21:12 - Sr.Lydia Komuhra

Dear Sr. Maria Romero, thank you for setting a beautiful path of Salesian sanctity through your life, filled with love for Jesus in the Holy Eucharist and Mary, most holy. From it sprang your passionate love for the most needy and the poor manifested through your deep apostolic zeal. May we too grow day by day in the love of Jesus and Mary and so dedicate ourselves unreservedly for the cause of the poor and the most needy. Help us in all our spiritual and temporal needs, for God's glory and the salvation of souls.

07/07/2014 17:17:25 - Sr Rose Bejjani

Grazie Sr Maria per la tua vita donata tutta ai poveri e a Dio. Aiutami a seguire il tuo esempio e non cercare il mio intersse ma quello dei giovani più poveri e di chi mi sta accanto giorno dopo giorno e saper come te fissare lo sguardo solo e solamente su Gesù e Maria.Sr Maria Romero intercede per noi Dio affinche` conceda la pace al mondo e al MOR. Amen


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